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January 31, 2018

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¿Alguna vez han escuchado la fábula de los erizos? En antaño, durante la edad de hielo, los erizos se dieron cuenta de que ciertos animales empezaron a extinguirse a causa del frío. Por lo tanto optaron por unirse y trabajar en equipo para conservar el calor, pero desgraciadamente empezaron a lesionarse con sus filosas espinas debido a su cercanía. Para no lastimar se los unos a los otros decidieron dividirse y vivir por separado. Dejaron de trabajar en equipo y comenzaron a morirse congelados. Así que tuvieron que elegir entre aceptar las espinas de sus compañeros o desaparecer de la faz de la tierra. Al final concluyeron que era mejor permanecer unidos y trabajar juntos con la finalidad de sobrevivir.

El ser humano es caracterizado como un ser social. Es decir, una persona que tiene como naturaleza desenvolverse en un entorno donde haya gente que desempeñe distintas actividades. El trabajo en equipo según Katzenbach y Smith, es un “pequeño número de personas con conocimientos complementarios, comprometidas en un propósito común, en metas de rendimiento y en una metodología común, de lo cual se consideran mutuamente responsables”; un trabajo en equipo debe de ayudar a los integrantes a crecer y que estos colaboren para llegar a su meta.

El trabajo en equipo es indispensable para que dicha sociedad. Como podemos ver en la fábula, los seres humanos somos como erizos. ¿A qué me refiero? Bueno, todo individuo es parte del mundo; cada quién tiene sus propias características, pero juntos somos una estructura. Desgraciadamente, como los erizos nosotros los seres humanos solemos caer en el individualismo. Ya que cada persona acostumbra a hacer exclusivamente lo que le toca dentro de la actividad relacionada. La división entre las personas y la falta de éxito dentro del trabajo es evidente. Cada quien se centra es sus propios problemas y necesidades, perdiendo el panorama general.

Como los erizos nos percatamos que algunas veces salimos heridos por las espinas que nos hacen nuestros compañeros y decidimos separarnos y trabajar de manera solitaria. Entrando en una zona de confort, donde uno se percata de lo que es capaz de hacer y decide no compartirlo con nadie más. Llegar al éxito solo.

Pero las cosas no funcionan así, al igual que los erizos cuando el ser humano se aparta de la sociedad, padece de frio. Se da cuenta que necesita del calor de otras personas para llegar al éxito. Necesita otras características que el mismo no posee, otros puntos de vista, un propósito, una meta en común.

Tenemos que aprender que el mejor trabajo en equipo, no es aquel que está compuesto por personas perfectas, sino aquel que ayuda a que cada uno de los integrantes aprenda a vivir con esas espinas de los demás sin dejar de admirar las cualidades.

 

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