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El reconocimiento como herramienta de motivación

January 31, 2018

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Desde chicos soñamos con el éxito: con ser felices, con tener mucho dinero, trabajar en lo que más nos gusta, ser personas preparadas… Y por cada vez que aspirábamos a todas esas ambiciones había alguien que nos baja de un golpe a nuestra realidad. Bueno, no necesariamente con un golpe, sólo bastaba con una simple oración “No todo es tan sencillo”.

Walt Disney nos dice: “lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir”; pero ¿alguna vez se han planteado qué pasa cuando ya están en el máximo apogeo de su organización? Es fácil conseguir el éxito, lo realmente difícil es mantenerlo.

Una clave esencial según John Mattone, experto en liderazgo y autoridad, es rodearse de personas positivas para así mismo tener éxito.  Podemos utilizar toda esa energía positiva de nuestro círculo cercano de amigos, para así tener una excelente actitud, trabajar mejor y motivar a las personas con las que convivimos en el trabajo.

No olvidemos que el sacrificio es una parte fundamental tanto para llegar a tener éxito como para mantenerse ahí. El sacrificio implica a veces no asistir a ciertos encuentros familiares y no frecuentar como nos gustaría a nuestras amistades. Tenemos que tomar en cuenta que no se tiene tiempo para todo y es importante priorizar ciertas cosas.

El sacrificio viene de la mano con la dedicación. Un ejemplo de ello, es el sacrificar nuestro mismo tiempo, hay veces que nos gustaría ir a hacer ejercicio, ver una película, leer… sin embargo debemos de darle prioridad al trabajo, por eso es importante ejercer lo que a uno le apasiona; para que así, al dedicar la mayoría de nuestro tiempo al trabajo no nos resulte tan pesado.

Si por algo sobresalen las personas exitosas es por los objetivos que se proponen y la determinación que tienen para realizar dichas metas, sin dejarse llevar por distractores. Por ello se recomienda fijarse un objetivo realista. Es decir, un reto que se pueda conseguir en los próximos meses. Así es más sencillo ver hacia dónde dirigir la empresa. Podemos plantearnos dos objetivos: uno individual y otro con nuestro grupo de trabajo. El individual nos va a servir para organizarnos, ser mejor en lo que hacemos y dirigir con mayor eficacia el equipo de trabajo. Y el objetivo colectivo servirá para evaluar y reconocer las acciones, eficacia y productividad del grupo de trabajo. No olvidemos cambiar ambos propósitos cada seis meses o cuando se logren realizar de forma adecuada.

No hay que dejar de lado, que nunca se alcanza completamente la cima porque la mejora es permanente, pero si seguimos todos los consejos mencionados, damos lo mejor que podemos y disfrutamos lo que hacemos, el éxito será siempre nuestro mejor aliado.   

 

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